El cine en León ha tenido una larga trayectoria. Su historia se remonta a las primeras proyecciones en los cafés y viaja hasta la actualidad con la transformación de las salas que todavía viven en auténticas obras tecnológicas.
Esta historia refleja no solo la evolución de la cinematografía, sino que también demuestra la transformación social y urbana de la ciudad y de la provincia. Pues cabe recordar que no solo León acoge cines, todavía persisten algunos alejados de la capital leonesa.
La historia del cine en León es también la historia de cómo la ciudad se ha relacionado con la cultura, el ocio y el espacio público a lo largo de más de un siglo.

Los orígenes: Teatros y cafés como primeras pantallas
Antes incluso de que existiesen las salas dedicadas a las proyecciones, los cafés fueron los primeros lugares de encuentro donde los leoneses podían disfrutar de las imágenes en movimiento. Según apuntó Juan Manuel Álvarez Benito en su libro 'El Cine Leonés. Un estudio', el Café de la Iberia ubicado en la calle La Paloma,11, fue el primer lugar donde los leoneses pudieron disfrutar de proyecciones.
Otros cafés como el Iris o el Artístico que aparecieron a mediados del S.XIX se convirtieron en puntos de encuentro cultural donde se exhibían las primeras cintas y donde se vivía la cultura en la ciudad, con tertulias o actuaciones musicales.
El Iris fue uno de los más conocidos, por ser considerado el 'el casino aristocrático de León'. Incluso Victoriano Crémer lo llegó a describir asegurando que "era un localón dotado con no menos de seis filas de mesas de mármol, en las que ejercían de clientes y de aprendices de dominó las generaciones en curso, y los feriantes y los profesionales, los cuales disponían de filas reservadas, sobre todo los conspicuos, para los cuales doña Petra Careño reservaba el ángulo del fondo, frente al escenario, en el cual ejercían las tonadilleras sus inconmensurables interpretaciones".
Otros lugares para la cultura en León fue el Teatro Principal que data del 1845 y conocido como el Coliseo Leonés. Este se levantaba sobre lo que hoy es la sede del Ayuntamiento de León en San Marcelo. Aunque no hay registro de que acogiese proyecciones; quizá no se puede imaginar este tipo de centros culturales sin el séptimo arte. Su demolición fue en 1961.

Las primeras salas dedicadas a las proyecciones
La calle La Paloma, donde se ubicaba el Café de la Iberia, el primer lugar donde los leoneses pudieron ver películas, también acogió lo que sería considerado el primer cine de León: El Industrial Cinema, que durante los años 20 proyectaba las primeras sesiones de cine mudo.
En aquellas sesiones, el Industrial Cinema podría haber acompañado películas de la época como 'The Kid' de Charles Chaplin, 'The Cabinet of Dr. Caligari' de Robert Wiene o 'Gigantes y cabezudos' de Florián Rey con música en directo con un piano.

El segundo de los cines también se ubicó en el centro de la ciudad y se convirtió en 'él no va más' de la ciudad. Según pone de manifiesto Juan Manuel Álvarez Benito, el Teatro Alfageme fue inaugurado en abril del 1928, ubicado en la calle Ramón y Cajal, frente al IES Juan del Enzina, acogiendo tanto cine como a las grandes figuras del teatro de la época.
La inauguración de una de las referencias culturales de la ciudad fue relatada por 'El Guante Blanco', un semanario de sociedad y literario que recuerda así aquel hito: "el salón deslumbrador resplandecía de hermosura, de luz y de alegría. Aquellas plateas limpias, elegantes, ordenadas con tantas bellezas, ofrecían un aspecto excepcional en este pueblo; de todos los labios salía la misma frase: no parece que estemos en León".
Fue diseñado por el arquitecto Manuel de Cárdenas, una persona que seguiría en próximos años muy ligado a las construcciones de estos espacios. Además, el Alfageme sería el pionero de las míticas sesiones continúas, con proyecciones desde las 16:00 hasta las 23:00 horas. En 1958 concluyó su etapa como centro de cultura, siendo el primero de los grandes teatros en cerrar su ciclo.

Durante la década de 1930, a la vez que comenzaban a proyectarse las cintas sonoras, comenzaban a crecer los espacios donde disfrutar de proyecciones. En aquella década, nacieron el Cine Azul (1936), que adoptó el concepto de cine-café en la avenida Ordoño II; el Cine Mari (1939), también diseñado por Manuel de Cárdenas en el pasaje entre Ordoño II y la calle Burgo Nuevo y el Cine Avenida (1939), que se situaba en plena Gran Vía de San Marcos y que era el lugar "idóneo" para las películas de obligada proyección en Semana Santa.
Por último, en aquel 1939 abrió un tercer cine en la ciudad, la única sala de las mencionadas hasta ahora que llegaría hasta nuestros días, el cine Lemy. Este fue evolucionando de una sala hasta agrupar un total de tres, momento en el que pasó a denominarse cines Kubrick, las salas que llegaron hasta la década del 2000.

En las décadas posteriores y con la industria del cine acaparando gran parte de la vida cultural de la ciudad, se establecen cuatro nuevas salas que no llegarían a nuestros días, ya que tan solo uno de ellos llega hasta la década de los 90.
Así pues, el cine Crucero mantiene abiertas sus puertas de 1948 a 1984, el cine Ventas de 1951 a 1972, el cine Lapar hasta 1978 y el cine Condado, el más duradero manteniendo su actividad desde 1949 hasta 1990 en lo que ahora es el bingo de la calle Villafranca, aguantó el tirón a muchos de sus 'competidores' que fueron cayendo con la llegada de los grandes protagonistas.

Los primeros grandes complejos
El Teatro Emperador
El final de la década de los 40 y el principio de los 50 estuvo marcado por otro gran desarrollo en la industria cinematográfica, aterrizando en León dos grandes complejos que ampliaron, aún más, las opciones para la vida cultural de la capital leonesa. Dos edificios que siguen en pie y que siguen siendo reconocibles para aquellos leoneses que pasar por sus puertas, pese a que su uso no sea el mismo.
En 1951 se establece el Teatro Emperador, obra de los arquitectos Gonzalo de Cárdenas, Manuel de Cárdenas y Francisco Javier San, que lo proyectan para la Empresa Leonesa de Espectáculos (ELDE S.A), que llegó a estar cerca de monopolizar las salas dedicadas al cine años después con el cierre de la mayoría de las salas.
Álvarez Benito asegura en su libro que los primeros indicios de la empresa datan de 1942 con el bar Azul y sobre los primeros proyectos para la construcción del Emperador. Aquella sociedad estaba puesta por Alfonso Eguiguren, Vicente Eguiguren Arana, Gregorio Flecha Diez, Jerónimo Flecha Diez y Felipe Ruipérez, accionistas mayoritarios.
Tras cuatro años, entró en el accionariado el constructor del Teatro, Jesús Gallardo Arteche, que se hace con la mayoría de las acciones dando a los cines y el propio Teatro en alquiler a los hermanos Amadeo y Cecilio Gómez Ezquerra, quienes explotaban varios cines en Madrid y conocían bien la industria. 5 años después, tras una nueva ampliación de acciones siendo los Gómez Ezquerra los que se hacen con la totalidad de estas pasando a tener el control total de la sociedad.

Poco a poco, y mientras otras salas y teatros van cerrando con el paso de los años, el Emperador se va constituyendo como el mayor centro cultural de la ciudad hasta su cierre en 2006. Un cierre llegado del progresivo declive de las grandes salas tradicionales frente a los multicines y los nuevos hábitos de consumo cultural.
Tras más de medio siglo de actividad ininterrumpida, el Teatro Emperador bajó definitivamente el telón, quedando el edificio cerrado y sin uso durante años, aunque conservando su fuerte carga simbólica dentro de la memoria colectiva y cultural de la ciudad.
Durante este periodo de abandono, el inmueble fue objeto de diversos debates y proyectos de recuperación, conscientes de su valor arquitectónico y cultural. No obstante, este mismo año el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, anunció la puesta en marcha de la licitación del proyecto de obra, una reforma integral que se convertirá en un espacio polivalente dedicado a las artes escénicas.
Con esta recuperación, el Emperador aspira a volver a ocupar el lugar central que tuvo durante décadas en la vida cultural de León, no ya como sala cinematográfica, sino como símbolo del patrimonio cultural del siglo XX leonés.

El Teatro Trianón
El otro gran complejo cinematográfico de la década de los 50 fue el Teatro Trianón, que abre sus puertas en 1953 en la esquina entre las calles Ramón y Cajal y la Torre, un edificio que se sumó al modelo del Emperador, con cine y teatro.
El Trianón fue construido por Francisco Javier Sanz, destacando la solución de la esquina que ocupa, la combinación de materiales y la sencillez de la marquesina. Un teatro que no tuvo la suerte del Emperador. Después de cerca de cuatro décadas funcionando con el modelo de cine y teatro, llegando a acumular cerca de 1.250 butacas, en 1989 el Trianón pasó a otro tipo de ocio, el nocturno.
De esta manera, durante finales de los ochenta y principios de los noventa, el Trianón se convirtió en una discoteca, albergando parte del ocio nocturno de la capital y cambiando las artes escénicas y cine por música para que los jóvenes disfrutasen de la noche leonesa.

Tampoco le duró mucho esa nueva faceta, pues en 1996 el Trianón volvía a acoger una nueva vida y un nuevo tipo de ocio. Esta vez, el Trianón se convertía en el 'Indiana Bill', un centro de ocio para menores similar a lo que fue el Goblins o el Divernodia.
Tampoco ha sido este su final, pues en 2005, el 'Indiana Bill' cerraba sus puertas y el Trianón quedaba desierto, una despedida que parecía un adiós definitivo, sin embargo, en julio de 2023 el Ayuntamiento de León daba luz verde a la promotora Acibel BV para acometer la reforma del edificio.
De esta manera, el Trianón volvía a renacer, pero esta vez lo hacía lejos de la cultura y en 2024 abría sus puertas convirtiéndose en el tercer gimnasio de la cadena Basic-Fit en la capital leonesa. De esta manera, el Trianón ha quedado 'apartado' de la vida cultural de muchos y los jóvenes leoneses que lo conozcan ahora, quizá no sepan que algún día allí se disfrutó sentado y con palomitas y no sudando entre sus paredes.
La llegada de los multicines
Volviendo a la década de los 60, llega a León el circuito de exhibición del empresario Constantino Fernández Arango que trajo a la ciudad la modernidad en lo referido a las salas, haciendo competencia a ELDE. Fernández Arango abrió dos salas, cine Abella abierto en 1967 y cerrado en el año 2000 y el cine Pasaje, inaugurado un año después que el Abella y cerrado en el 2002.
La expansión de los 60 cerraría un ciclo en la apertura de salas de cine y daría inicio a uno nuevo. Un ciclo en el que mientras las grandes salas se mantenían y cada vez ganaban más relevancia, las más pequeñas que servían de servicio a los vecinos de la zona en la que estaban ubicados empezaban a perder fuerza.

Así, entre 1960 y 1990 cerraron teatros como el Principal y el Trianón y cines como el Azul, el Mari, el Crucero, el Condado, el Ventas y el Lapar, lugares que años antes sirvieron de puntos de encuentro para muchos y dejando que solo compitiesen el Teatro Emperador y los cines Kubrick de ELDE y los cines Abella y el Pasaje de Fernández Arango.
Entre todo este cambio de escenario, llegaba un nuevo competidor a la capital leonesa, el único cine que sigue en pie de la década de los 90, los cines Van Gogh. Estos multicines llegaron a la capital en 1989, con una apuesta aún más decidida que los Kubrick, que hasta su llegada eran los más grandes con tres salas.

Los Van Gogh se han ido ampliando hasta la actualidad, contando ya con un total de 8 salas en las que se proyectan películas a diario, siendo el único ‘histórico’ que pervive en la ciudad habiendo cumplido 36 años este 2025 y afrontando el 2026 con aún más retos por las vueltas de la industria.
Con los Van Gogh ya asentados y León en plena expansión a principios del siglo XXI llegaba un nuevo competidor, los CineBox ubicados en el Espacio León, que se inauguraron en 2004 con la apertura de este espacio comercial en el Área 17 de la capital leonesa.
Con estos dos grandes multicines abiertos, caería el último cine que cerró sus puertas en León. El cine Kubrick terminó su andadura en la industria cinematográfica en 2005, poniendo fin a una trayectoria de más de seis décadas como referente de la exhibición cinematográfica en León después de 66 años al servicio de los aficionados del séptimo arte.
De esta manera, en la capital leonesa quedaron los cines que aún persisten, los Van Gogh y los CineBox que ahora gestiona Odeon Multicines y que juntos suman una oferta total de 15 salas en la ciudad, pudiendo acoger a los que aún disfrutan de las películas en una sala pensada para este fin.

El cine lejos de la capital: Un viaje por la provincia
El furor por el cine no se limitó a la capital leonesa. Según Juan Manuel Álvarez Benito en 'El cine leonés: Un estudio', muchas de las villas y pueblos de la provincia contaban con su propio salón cinematográfico.
En los años sesenta, El Bierzo llegaba a albergar veintitrés salas, Ponferrada tenía cinco con capacidad para más de cuatro mil espectadores, mientras que Bembibre y Cacabelos contaban con tres y dos, respectivamente. Incluso localidades más pequeñas, como Villadepalos, Dehesas, San Miguel de las Dueñas o Camponaraya, tuvieron sus propios cines.
Los primeros pasos del cine en la provincia se remontan a la década de los veinte, cuando Héctor Nieto introdujo el cinematógrafo en Ponferrada, y Bembibre abrió quizá la primera sala dedicada exclusivamente a películas, el cine Merayo. Con 280 butacas y piano para acompañar las películas mudas, el Merayo fue testigo de la pasión por el cine local hasta la década de los cincuenta, cuando la competencia de salas como el cine Gago modificó su programación.

Durante los años siguientes, surgieron otros cines emblemáticos: el Cinema Paz (1964) con casi mil localidades, el cine Edesa (1935) y el Bergidum, Morán, Adriano o Sil en Ponferrada. En pueblos medianos y pequeños también prosperaron salas como el cine Oliva en Cabañas Raras, el Alameda en Dehesas, el Ares en Villadepalos o el Valiña en Camponaraya. Muchas de estas salas aguantaron hasta mediados de los ochenta antes de desaparecer en medio de una larga crisis, concentrándose la actividad cinematográfica en Ponferrada con nuevos multicines.
Otras localidades de la provincia que contaron con salas fueron La Virgen del Camino, La Pola de Gordón, La Robla, Cacabelos, Jiménez de Jamúz o Sahagún, que poco a poco fueron perdiendo sus salas hasta quedar tan solo 4 edificios lejos de la capital provincial que dedican su programación al cine.
Así pues, hoy tan solo quedan abiertos La Dehesa en Ponferrada, el Velasco de Astorga (reabierto en 2024), el Mary de Cistierna, con 61 años de historia, y El Cine en Villablino, a los que se suma el Teatro Municipal de La Bañeza que, aunque no tiene dedicación exclusiva para el séptimo arte, sí que proyecta películas.

Arte hecho para vivir en salas de proyección
Hoy en día disfrutar del cine en la provincia de León es también recorrer la memoria del séptimo arte, desde los multicines de la capital y de Ponferrada hasta las pequeñas salas que aún resisten en los pueblos.
Aunque muchas salas finalizaron su ciclo con los cambios sociales y tecnológicos, las que permanecen abiertas son un testimonio de la pasión que generaciones enteras han sentido por el séptimo arte.
Estas salas no solo proyectan películas, sino que mantienen vivo un legado cultural que conecta pasado y presente, demostrando que, más allá de la modernidad y los cambios en la forma de disfrutar del cine, la magia de sentarse a ver una historia en pantalla grande sigue teniendo un lugar en León y su provincia.

Si quieres que te llegue lo más importante y avisos de última hora, envía SUSCRIBIR o ALTA a nuestro número de Whatsapp +34 659 04 27 34 y formarás parte de nuestra lista de distribución de noticias. Es gratis y te mantiene informado con lo más relevante
