¿Puede una hoja de olivo indicar qué variedad es más adecuada para cultivar en un determinado territorio? Esa es la pregunta que planteó un equipo de investigadores de la Universidad de León, que estudió al microscopio las hojas de cinco variedades de olivo procedentes de Galicia para identificar diferencias en su estructura y relacionarlas con las condiciones bioclimáticas de los territorios en los que se desarrollan.
El estudio nació de la diversidad de variedades autóctonas de olivo, un cultivo asociado habitualmente al clima mediterráneo, pero que también cuenta con variedades adaptadas a ambientes atlánticos, donde la humedad, el viento, la influencia del océano y las temperaturas son diferentes.
Precisamente, desde la Universidad de León quisieron comprobar si esas diferencias ambientales podían quedar reflejadas en la estructura de las hojas. Para ello, el equipo liderado por el investigador Rafael Álvarez Nogal analizó las hojas de cinco variedades de olivo procedentes de Galicia: Brétema, Carapucho, Cobrancosa, Hedreira y Mansa Gallega. Cuatro de ellas corresponden a materiales autóctonos gallegos y todas las muestras fueron estudiadas bajo las mismas condiciones de cultivo, lo que permitió comparar sus características anatómicas.
Los investigadores recurrieron a dos técnicas de microscopía para analizar tanto la estructura interna de las hojas como su superficie. Así pudieron estudiar, entre otros aspectos, el grosor de las hojas, mientras que la microscopía electrónica de barrido permitió observar con mayor detalle elementos de su superficie, especialmente los tricomas, conocidos coloquialmente como los pelos de las hojas.
Se trata, según explica Rafael Álvarez Nogal, de pequeñas estructuras que se disponen a modo de sombrilla o escudo sobre la epidermis y cuya presencia varía notablemente entre unas variedades y otras. “No están ahí para evitar que el sol incida sobre la hoja, sino para crear un ambiente concreto entre la superficie de la hoja y la propia estructura”, señala.
El estudio permitió identificar dos grupos claramente diferenciados. Por un lado, Brétema y Carapucho presentan hojas más gruesas, una cutícula más desarrollada y una mayor densidad de tricomas, junto con espacios intercelulares más pequeños. Por otro, Cobrancosa, Hedreira y Mansa Gallega presentan hojas más delgadas, una menor densidad de tricomas y una estructura interna diferente.
Estas diferencias anatómicas pueden relacionarse con distintos patrones de adaptación ambiental. De esta forma, los investigadores de la ULE plantean que las características de Brétema y Carapucho podrían hacerlas especialmente adecuadas para ambientes con mayor influencia oceánica, mientras que Hedreira, Cobrancosa y Mansa Gallega podrían presentar un mejor ajuste a áreas más continentales, alejadas de la costa y, en algunos casos, situadas a mayor altitud.
“Lo que hemos podido comprobar es que existen configuraciones microscópicas diferentes y que pueden darnos pistas sobre cuáles son los ambientes en los que una variedad se puede desarrollar mejor”, destaca Rafael Álvarez Nogal, quien añade que el objetivo de la investigación no es establecer de forma definitiva qué variedad debe cultivarse en cada lugar, sino aportar una herramienta que permita orientar esa selección a partir de las características de la propia planta.
Precisamente, una de las líneas que abrió esta investigación es la posibilidad de utilizar las características anatómicas de las hojas como herramienta complementaria para la planificación agrícola, especialmente en un contexto de cambio climático.
El aumento previsto de factores como las temperaturas, la radiación solar, el déficit hídrico o la disponibilidad limitada de agua puede modificar las condiciones de cultivo del olivo, por lo que conocer qué variedades presentan características más ajustadas a cada ambiente puede contribuir al diseño de estrategias de adaptación.
Además, la metodología podría aplicarse a otras variedades de olivo y a territorios con diferentes condiciones ambientales, como distintas altitudes, grados de influencia marítima o continentalidad, o niveles de exposición al viento, ampliando las posibilidades de estudio sobre la adaptación de las variedades.
La investigación contó con la participación de especialistas de distintas áreas de la Universidad de León, combinando conocimientos de Biología Celular, Botánica, Bioclimatología y Estadística. Junto a Rafael Álvarez Nogal, forman parte del equipo Enrique Escarda-Castro, Miguel Munárriz, Ramón Álvarez-Esteban, Aitor Álvarez-Santacoloma y Sara del Río.
La mayor parte de los investigadores están vinculados al grupo de investigación Promueve de la Universidad de León. El estudio, titulado Microscopic attributes of Olea europaea L. leaves and bioclimatology: the case of Galicia, western Iberian Peninsula, fue publicado en la revista Frontiers in Plant Science y forma parte de la colección Olive Science.
Si quieres que te llegue lo más importante y avisos de última hora, envía SUSCRIBIR o ALTA a nuestro número de Whatsapp +34 659 04 27 34 y formarás parte de nuestra lista de distribución de noticias. Es gratis y te mantiene informado con lo más relevantee
