La Fundación Cerezales Antonino y Cinia, con sede en la localidad leonesa de Cerezales del Condado, presenta el domingo 24 el proyecto Templa, que recoge la investigación y la exposición desarrolladas por Elena Alonso a lo largo de tres años, comisariado por Alfredo Puente, y concebido de manera específica para la entidad. El acto de apertura tendrá lugar a las 12 horas, con entrada libre, y contará con una breve intervención de la artista antes del acceso a la sala.
Las obras que integran Templa son, en su mayoría, de nueva producción. Asimismo existe un reducido grupo de obras que completa el proyecto procedente de la colección personal de la artista. Elena Alonso (Madrid, 1981) investiga mediante lenguajes formales que van del dibujo a la escultura pasando por la pintura, el diseño o la arquitectura. En su obra existen vínculos con la artesanía -una práctica con raíces en su ámbito familiar-, aunque su manera de abordarla nunca se limita a la copia de un patrón ni a reproducir una fórmula de producción.
La tensión entre disciplinas técnicas y formas de hacer de lo artesano que guía su práctica articula un depurado espacio de reflexión material y formal, que no deja de evolucionar y agudizarse con cada proyecto. La artista subraya que “aborda el dibujo como un proceso de pensamiento”. A partir de esa afirmación, en el cuerpo de su trabajo surge un tipo de abstracción que resulta ambigua, abrumadora y, al mismo tiempo, extremadamente precisa. Este procedimiento da lugar a una producción constante, donde abre nuevos caminos de manera incesante sin perder por ello una profunda coherencia interna.
Templa es su proyecto más reciente y el contexto donde continua definiendo estos códigos. En él se producen imágenes que nacen de las distintas visitas y estancias de la artista en Cerezales del Condado, en paralelo al trabajo que realiza en su estudio. Surgen durante el trabajo de campo en lugares como el Val de San Lorenzo y sus industrias textiles, y a lo largo del estudio detallado del emplazamiento del edificio que integra los espacios expositivos, educativos y logísticos de la institución.
En este tiempo de investigación, la artista manifiesta una recobrada sensibilidad por las relaciones entre aquello que está vivo en este contexto, y busca la materia y las formas que lo señalan. Fruto de esa exploración obtiene un catálogo esencial de signos que manifiestan la continuidad en la vida, que cambian de escalas, de materia y que se replican.
Los murciélagos, que buscan alimento durante el verano en los aleros del edificio de FCAYC; fibras, como la lana, presente en la indumentaria tradicional de los medios rurales en estas regiones y sus formas –manteos, mantillos, faldas–; o el lenguaje constructivo del propio edificio, donde se ocupa de analizar su envolvente, son algunos de sus focos de atención. En ese proceso, además, atiende a la arquitectura que configura los espacios de FCAYC y a cómo se recoge en ella la continuidad entre interior y exterior que promueve, señalan desde la Fundación.
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