Cada otoño, León vuelve a llenarse de pendones, carros engalanados, música tradicional y vecinos llegados desde distintos puntos de la provincia. San Froilán es hoy una de las celebraciones más reconocibles de la ciudad, pero detrás de los desfiles y del programa festivo hay una historia que comenzó mucho antes de que existiera la celebración tal y como se conoce ahora.
Las fiestas hunden sus raíces en la Edad Media y reúnen distintas tradiciones religiosas y populares que se han mantenido, transformado o recuperado con el paso de los siglos. Las Cantaderas, los pendones, los carros engalanados y la romería a la Virgen del Camino forman parte de una misma celebración que ha convertido durante generaciones a octubre en uno de los momentos señalados del calendario leonés.
El origen de San Froilán
La celebración está vinculada a San Froilán, patrón de la diócesis de León, pero las fiestas no se reducen a la figura del santo. Alrededor de estas fechas fueron desarrollándose distintas celebraciones religiosas y populares que terminaron formando parte del San Froilán que hoy conoce la ciudad.
Una de las más antiguas son Las Cantaderas, una ceremonia celebrada en la Catedral que mantiene la tradición de la ofrenda del Ayuntamiento al Cabildo y la conocida disputa sobre si esta tiene carácter obligatorio o voluntario. El acto está relacionado con la leyenda del tributo de las cien doncellas, según la cual los reyes cristianos estaban obligados a entregar cada año cien jóvenes a los musulmanes hasta que la victoria de Clavijo acabó con el tributo.
Historia y leyenda se mezclan así en una fiesta que, más que recordar un único acontecimiento, ha ido acumulando durante siglos distintas formas de celebrar la identidad de León.
Pendones y carros: ¿Por qué se desfila?
Los pendones son probablemente la imagen más reconocible de San Froilán, pero no nacieron como un elemento festivo. Estas grandes enseñas tienen su origen en los antiguos símbolos de los pueblos y concejos y servían para identificar a las comunidades.
Con el paso del tiempo pasaron de tener una función principalmente representativa y militar a convertirse en símbolos de cada localidad y a participar en celebraciones religiosas y romerías. Su incalculable valor etnográfico e histórico hizo que los pendones concejiles fueran declarados oficialmente Bien de Interés Cultural (BIC) con carácter inmaterial en 2019.
Por eso, cuando los pendones llegan a León, no lo hacen únicamente como parte de un desfile. Cada uno representa a un pueblo y a una comunidad que conserva su propia enseña. La concentración en la capital permite reunir en unas horas símbolos que durante el resto del año permanecen repartidos por toda la provincia.
Los carros tienen un origen diferente, ligado a la romería de la Virgen del Camino. Durante generaciones, los vecinos acudían hasta el santuario en carros que servían para el desplazamiento y para transportar comida y todo lo necesario para pasar allí la jornada. Ya en 1847, Pascual Madoz describía el llamado 'Domingo de los Carros' y hablaba de los carros entoldados que salían desde León hacia la romería.
Con el tiempo, aquella función práctica desapareció y el carro se convirtió en una representación de la cultura rural leonesa. Los aperos, productos de la tierra y elementos decorativos que hoy llevan recuerdan precisamente esa relación con la vida de los pueblos.
Por eso pendones y carros terminan juntos en San Froilán, unos representan a las comunidades y los otros recuerdan una forma de vida y una tradición de romería que durante generaciones unió a la capital de la provincia con sus pueblos.
Una tradición que se ha ido recuperando
Aunque los pendones y los carros forman hoy parte inseparable de San Froilán, su presencia no ha permanecido siempre con la misma fuerza. Durante el siglo XX algunas de estas tradiciones fueron perdiendo protagonismo y tuvieron que ser recuperadas y organizadas de nuevo.
La recuperación de los pendones tomó especial impulso en las últimas décadas del siglo pasado y continuó con iniciativas destinadas a conservarlos, catalogarlos y devolverlos a las celebraciones. La creación de asociaciones dedicadas a su promoción permitió además organizar una participación cada vez mayor de localidades de toda la provincia.
El resultado es que una tradición que había estado vinculada a los pueblos terminó convirtiéndose en uno de los grandes acontecimientos de las fiestas de León. El desfile actual no es, por tanto, una reproducción exacta de una ceremonia medieval, sino el resultado de una tradición antigua que ha ido evolucionando y recuperándose hasta adquirir su forma actual.
Una fiesta que también genera debate
Mantener una tradición viva también implica adaptarla a una ciudad que ha cambiado. Los desfiles actuales reúnen a cientos de participantes y recorren calles muy diferentes de aquellas por las que se desplazaban los antiguos carros de las romerías. Esa transformación ha provocado en los últimos años diferentes conflictos sobre la organización, los recorridos y la manera de conservar estas tradiciones.
En 2024, la Asociación de Carros Leoneses llegó a boicotear el desfile de la capital por sus discrepancias con el recorrido y por cuestiones relacionadas con la seguridad de animales y participantes. En 2026, la polémica vuelve a aparecer con el desfile de pendones y las recomendaciones sobre la vestimenta de los participantes, que algunos colectivos consideran una amenaza para la identidad propia de cada localidad.
El Ayuntamiento ha defendido que esas indicaciones son únicamente recomendaciones y que ningún pendonero será excluido por no seguirlas. Mientras tanto, el debate vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que acompaña a San Froilán desde hace años: cómo mantener viva una tradición sin convertirla en algo distinto de aquello que se quiere conservar.
San Froilán ha cambiado, pero sus principales símbolos siguen siendo los mismos. Cada octubre, los pueblos vuelven a entrar en León con sus pendones y sus carros, y durante unos días la ciudad se convierte en el punto de encuentro de una tradición que nació mucho antes que el programa de fiestas actual.
Porque detrás de cada pendón hay un pueblo y detrás de cada carro, una forma de entender y recordar la vida de la provincia. Y quizá ahí esté la razón por la que, tantos siglos después, San Froilán continúa siendo una de las fiestas que mejor explican la relación entre León y su territorio.
Si quieres que te llegue lo más importante y avisos de última hora, envía SUSCRIBIR o ALTA a nuestro número de Whatsapp +34 659 04 27 34 y formarás parte de nuestra lista de distribución de noticias. Es gratis y te mantiene informado con lo más relevante
