El invierno meteorológico (diciembre-enero-febrero) en León ha estado marcado por temperaturas más altas de lo habitual, precipitaciones casi el doble de lo normal y un importante déficit de horas de sol, según los datos presentados por la AEMET.
La temperatura media del invierno se situó en 5,0 °C, frente a los 4,0 °C del periodo de referencia 1991-2020, lo que supone una anomalía positiva de 1,0 °C, confirmando la tendencia de inviernos ligeramente más cálidos en la capital leonesa.
Pese al aumento de las temperaturas, el rasgo más destacado fue la precipitación acumulada, que alcanzó 275 l/m², muy por encima del valor normal de 140 l/m². La diferencia de 135 l/m² supone un 96 % más de lluvia de lo habitual, prácticamente el doble de lo esperado para el invierno. Durante enero, León registró 26 días con precipitación apreciable, una efeméride destacada a nivel regional.
De hecho, una de las efemérides que Aemet ha registrado en toda la Comunidad tiene a León como protagonista, pues durante el mes de enero la capital leonesa resgistró un total de 26 días con precipitación apreciable.
La contraparte de las abundantes precipitaciones ha sido la insolación, que fue claramente inferior a la media. Durante el invierno meteorológico se registraron 323,6 horas de sol, frente a las 427,4 horas normales (1991-2020), lo que representa 103,8 horas menos de lo habitual. En términos relativos, esto supone solo el 76% de la insolación media, con un déficit del 24%.
El déficit de sol fue especialmente notable en los meses centrales del invierno. En enero, se contabilizaron 78,5 horas de sol, muy por debajo del valor normal de 128,7 horas, con una anomalía de -50,2 horas y apenas el 61% de la insolación habitual. En febrero, aunque la situación mejoró ligeramente, se registraron 138,2 horas, todavía por debajo del promedio de 173,1 horas, con -34,9 horas de anomalía y el 80 % del valor normal.
La niebla también fue protagonista durante el invierno. Solo entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 se registraron 24 días de niebla (9 en diciembre, 11 en enero y 4 en febrero). En el conjunto del periodo invernal se contabilizaron 24 días con niebla, por encima del valor normal de 19 días.
Balance de un invierno excepcional en Castilla y León
El invierno meteorológico, que comprende los meses de diciembre, enero y febrero, se caracterizó por una temperatura media en Castilla y León que se situó aproximadamente un grado por encima del valor de referencia establecido para el periodo 1991-2020. Esta anomalía térmica fue particularmente notoria en las temperaturas mínimas, que registraron un incremento de 1.7 grados por encima de lo habitual. Como consecuencia directa, el número de días de helada se redujo drásticamente, pasando de una media de 51 días a tan solo 31 durante esta estación.
Entre los registros más destacados, se mencionaron los 25.2 grados Celsius alcanzados en Miranda de Ebro (Burgos) el 23 de febrero, un valor excepcionalmente alto para la época, y la mínima de -10.3 grados Celsius registrada en Cuéllar (Segovia) el 6 de enero, que aunque fría, fue una de las pocas heladas intensas.
En cuanto a las precipitaciones, el invierno también se distinguió por su abundancia. En promedio, la comunidad recogió un 51 por ciento más de lluvia de lo que es habitual. Mientras que el valor normal de días de precipitación durante el invierno ronda los 28, este año se contabilizaron cerca de 50 jornadas con lluvias significativas. Además, el número de días con nieve prácticamente se duplicó, registrándose diez jornadas de nevadas en toda la comunidad, frente a las cinco que suelen ser la media.
Gran parte de estas copiosas precipitaciones se concentraron entre mediados de enero y mediados de febrero, un periodo marcado por la sucesión de numerosas borrascas atlánticas. Durante este lapso, se nombraron trece borrascas de gran impacto, de las cuales nueve afectaron directamente a Castilla y León, dejando a su paso importantes volúmenes de agua y vientos considerables.
Este patrón meteorológico también provocó un notable déficit de horas de sol. Ciudades como Valladolid registraron aproximadamente 184 horas de insolación durante el invierno, una cifra muy inferior a las más de 350 horas que se suelen alcanzar en condiciones normales, lo que refleja la persistencia de cielos cubiertos y nubosidad.
A pesar de este invierno excepcionalmente húmedo, Manuel Mora puntualizó que no se observa una "tendencia clara" en las precipitaciones a largo plazo, a diferencia de lo que ocurre con las temperaturas. Estas últimas muestran un aumento sostenido en las últimas décadas, con los últimos ocho inviernos en la comunidad registrando anomalías térmicas positivas. El invierno de este año se posiciona como el décimo más cálido desde 1961, consolidando una tendencia al calentamiento.
La realidad innegable del cambio climático
El subdelegado del Gobierno, Jacinto Canales, aprovechó la ocasión para recordar episodios recientes que ilustran la severidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como los incendios forestales de sexta generación, las intensas nevadas o las fuertes tormentas de lluvia y granizo que han provocado desbordamientos de ríos en diversas localidades de la provincia. Entre los ejemplos citados, mencionó las inundaciones registradas hace pocas semanas en municipios como Rábano, Peñafiel, Tudela de Duero o Puente Duero.
Con firmeza, Canales declaró: "El cambio climático y sus efectos son una realidad y su negación es una grave irresponsabilidad que pone en peligro vidas humanas". Insistió en que las evidencias científicas sobre el calentamiento global son "rotundas" e irrefutables.
Durante su intervención, también hizo referencia a un estudio de gran relevancia liderado por la Universidad de Valladolid y la propia AEMET, publicado recientemente en la prestigiosa revista 'Nature Communications'. Este trabajo científico advierte que los fenómenos meteorológicos extremos en la región mediterránea podrían volverse más peligrosos a medida que avance el calentamiento global, manifestándose en tormentas más intensas y complejas.
Según Canales, estos estudios subrayan la imperiosa necesidad de invertir más recursos en investigación climática, mejorar los sistemas de predicción y adaptar la planificación urbana para hacer frente a riesgos hidrometeorológicos que son cada vez mayores. Como ejemplo de la necesidad de adaptación, mencionó las inundaciones recurrentes en la urbanización Aldeamayor Golf, construida sobre antiguos terrenos salinos con un nivel freático elevado. En episodios prolongados de lluvia, explicó, el agua puede llegar a salir por las propias redes de saneamiento e inundar calles y viviendas, evidenciando la vulnerabilidad de ciertas infraestructuras.
Perspectivas para la primavera y mejoras en la predicción
En cuanto a la previsión para la primavera, la AEMET ha señalado una probabilidad del 60 por ciento de que las temperaturas se sitúen "por encima de lo normal" en Castilla y León. Sin embargo, en lo que respecta a las precipitaciones, existe una considerable incertidumbre, lo que impide establecer una tendencia clara en este momento.
Respecto a la próxima Semana Santa, Manuel Mora indicó que aún es demasiado pronto para elaborar un pronóstico fiable, ya que faltan 18 días y los modelos meteorológicos todavía no ofrecen señales concluyentes que permitan una predicción precisa.
Finalmente, el delegado de AEMET resaltó la importancia crucial de los sistemas de observación meteorológica para mejorar la capacidad de predicción. En este sentido, anunció que el nuevo radar meteorológico de Guadramiro, ubicado en la provincia de Salamanca, se encuentra ya en fase de pruebas. Este avance tecnológico permitirá mejorar significativamente la vigilancia de las precipitaciones en el suroeste de la comunidad, ofreciendo imágenes cada cinco minutos y con una mayor resolución, lo que representa un paso adelante en la anticipación y gestión de eventos meteorológicos adversos.
