El Ministerio de Cultura ha presentado este viernes el resultado de la restauración del trascoro de la Catedral de León, un conjunto monumental del siglo XVI considerado una de las obras cumbre del Renacimiento español y en el que participaron los mejores escultores platerescos de la época.
La intervención, dotada con un presupuesto de más de 420.000 euros, dio comienzo en octubre de 2024 y ha sido llevada a cabo por la empresa Talleres de Arte Granda bajo la coordinación del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE).
La restauración del conjunto escultórico y arquitectónico supone la culminación de un proceso iniciado en 2019, a través del que se ha realizado una completa documentación geométrica a partir de tecnología láser, un levantamiento fotogramétrico y los mapas de daños y planos necesarios para la ejecución de los trabajos, así como el análisis de materiales y los estudios histórico-artísticos pertinentes.
La inversión total en el proceso de documentación y restauración ha superado los 470.000 euros.
Características de la intervención
El traslado del trascoro que se produjo en 1746 – desde el presbiterio a la nave mayor del templo- produjo diversas patologías entre las que se encontraban uniones mal encajadas y numerosas roturas y pérdidas materiales, además del deterioro producido por el tiempo, los acontecimientos –la catedral sufrió un incendio en 1966 – o los efectos de restauraciones anteriores.
De este modo, la restauración ha requerido de una intervención integral que ha incluido, entre otras, las siguientes actuaciones: aspirado, eliminación de elementos ajenos, apeo de piezas; tratamiento de madera vista; eliminación de morteros; fijación de la policromía; consolidación superficial del soporte pétreo; limpieza físico-química; unión de fragmentos, reintegraciones volumétricas y rejuntado; reintegración cromática; aplicación de capa de protección; tratamiento de elementos metálicos; así como la instalación de un nuevo sistema de iluminación para realzar el conjunto.
En este sentido, la diversidad material del trascoro —con presencia de caliza, alabastro y madera policromada— ha requerido la aplicación de tratamientos diferenciados y específicos para garantizar la correcta conservación de cada uno de sus componentes.
Sustitución por piezas 3D
Una de las intervenciones más complejas fue la realizada en la escultura policromada del Cristo Crucificado del remate del trascoro. Tras los estudios técnicos realizados, se detectaron grietas en la peana de piedra que podían comprometer la estabilidad estructural del conjunto. Ante esta situación, se decidió sustituirla por una nueva, de idénticas características formales y materiales. Para ello, se elaboró un modelo 3D a partir de la original.
A lo largo de todo el proceso de intervención, la toma de decisiones contó con la participación de un equipo multidisciplinar con distintos especialistas, además de representantes del cabildo catedralicio, garantizando así un enfoque global que ha logrado integrar la conservación material, la estabilidad estructural y el respeto al valor histórico-artístico de la obra.
Sobre el trascoro de la Catedral de León
El trascoro de la Catedral de León se encuentra entre las obras más destacadas del Renacimiento español. Concebido como un monumental arco de triunfo en alabastro y madera con un cuerpo de dos tableros a cada lado, se comenzó a construir en el año 1577 bajo la dirección de Juan López, sobre planos que había trazado Juan de Badajoz ‘el Mozo’ un tercio de siglo antes. El continuador de las obras fue Baltasar Gutiérrez, quien completó la estructura, en cuya decoración se quiere ver la mano borgoñesa de Juan de Juni, a quien se atribuyen figuras como los profetas o las sibilas.
Su temática iconográfica principal se desarrolla desde el ‘Nacimiento de la Virgen’, ‘Anunciación’, ‘Nacimiento de Cristo’ y’ Adoración de los Pastores’, hasta la finalización escultórica con la implantación de la ‘Adoración de los Reyes Magos’.
Inicialmente concebido como antecoro de la sillería catedralicia, realizada por artistas flamencos en el último tercio del siglo XV, cumplía la función de cerrar la capilla mayor mediante un muro pétreo que evocaba un arco de triunfo. Tras dos intentos fallidos de reubicación, en 1560 y 1584, no fue hasta 1746 cuando se llevó a cabo su traslado definitivo a la nave mayor. A partir de entonces, el conjunto perdió su función original de antecoro para convertirse en trascoro, manteniéndose en su emplazamiento central hasta la actualidad.
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