El santuario de la Virgen de la Velilla: La joya barroca que la tradición sitúa sobre el lugar de una aparición

Erigido en un claro forestal de hayas y robles centenarios, a la sombra de la cordillera de Peñacorada, el Santuario de la Virgen de la Velilla emerge como uno de los hitos monumentales más deslumbrantes de la provincia de León

Periodista
01 de Septiembre de 2026
Actualizado: 01 de Septiembre de 2026 a las 18:51
Santuario de la Virgen de la Velilla (La Mata de Monteagudo) 1

Erigido en un claro forestal de hayas y robles centenarios, a la sombra de la cordillera de Peñacorada, el Santuario de la Virgen de la Velilla emerge como uno de los hitos monumentales más deslumbrantes de la provincia de León. Situado en el término de La Mata de Monteagudo, dentro del municipio de Valderrueda, este templo sobrecoge por su imponente arquitectura clasicista y barroca, integrada con maestría en un paraje natural indómito.

Santuario de la Virgen de la Velilla (La Mata de Monteagudo) | Turisleon

 

Declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1982, este espacio trasciende la mera función litúrgica; constituye un nodo clave en las rutas de espiritualidad del norte español y está íntimamente vinculado al histórico trazado del Vexu Kamin, el Viejo Camino de Santiago por la montaña leonesa.

Las raíces de este rincón sagrado se hunden en los primeros compases de la Reconquista, cuando la documentación del siglo X ya menciona una modesta ermita dedicada a Santa María de Vallulis (o de los Valles), término que con los siglos derivaría fonéticamente en "Velilla".

El devenir de este enclave cambió radicalmente a finales del siglo XII con la llegada de San Guillermo de Peñacorada. Este monje anacoreta, procedente del próspero monasterio de Sahagún, buscó el retiro contemplativo en estos densos bosques y agrupó a una pequeña comunidad de eremitas bajo la observancia benedictina. Sin embargo, tras la muerte del santo y el posterior abandono del cenobio en el siglo XIV, la antigua ermita de los Valles quedó desamparada y acabó sepultada por la implacable maleza de la montaña.

El renacimiento definitivo de la Velilla se produjo en 1470 y, como dictan las crónicas de los grandes centros de peregrinación, llegó envuelto en el halo del milagro. El protagonista fue el hidalgo local Don Diego de Prado, quien, según la tradición oral, se encontraba desbrozando sus tierras cuando su herramienta tropezó con una bellísima talla mariana de madera oculta entre las ruinas medievales.

 

Santuario de la Virgen de la Velilla (La Mata de Monteagudo)

 

Aunque el noble trasladó la imagen a su palacio para custodiarla con honores, a la mañana siguiente la escultura había regresado misteriosamente al nicho del bosque. Los vecinos interpretaron el suceso como la inquebrantable voluntad de la Virgen de ser venerada en aquel monte, por lo que Don Diego, apodado desde entonces «El Dichoso», ordenó levantar una humilde ermita de piedra seca.

Aquel rústico habitáculo se transformó rápidamente en un imán de fervor popular, y las noticias sobre curaciones portentosas se propagaron por León, Palencia y Asturias, atrayendo riadas de peregrinos.

Ante la masiva afluencia de devotos y el volumen de las limosnas, las obras del gran templo definitivo comenzaron de manera oficial en 1615 bajo las trazas clasicistas del maestro de cantería Domingo de Lastra.

El santuario resultante presenta una armónica planta de cruz latina de una sola nave con capillas laterales, donde la nave central se cubre con bóvedas de cañón y el crucero se corona con una majestuosa bóveda de media naranja sobre pechinas.

Durante los siglos XVII y XVIII se añadieron dos elementos exteriores determinantes que definen su silueta: un elegante pórtico sur con una arquería barroca que protege los accesos de las inclemencias climáticas, y una robusta torre occidental de sillería con base cuadrangular que, en sus cuerpos superiores, se transforma en una singular estructura octogonal rematada por un capitel que sirve de faro visual en todo el valle del Tuéjar.

Traspasar los umbrales del santuario supone sumergirse en una eclosión de madera dorada y barroquismo cuyo eje central es el fastuoso Retablo Mayor, ejecutado por los escultores Francisco de Uriarte y Diego de Avendaño con grandes columnas salomónicas de estilo churrigueresco. Justo detrás del altar se ubica el Camarín de la Virgen, una de las estancias barrocas más espectaculares del norte peninsular, edificada sobre la roca viva de la aparición.

Santuario de la Virgen de la Velilla (La Mata de Monteagudo) | Turisleon

 

Este espacio destaca por sus expresivos frescos del año 1761 y por albergar una conmovedora galería de exvotos; pequeños óleos y cuadros votivos donados por fieles en agradecimiento por milagros y sanaciones que constituyen un archivo antropológico excepcional. Además, en el crucero se custodian las reliquias de San Guillermo de Peñacorada, conectando el esplendor barroco con la memoria eremítica medieval.

Toda esta riqueza material mantiene viva su esencia etnográfica cada año durante el Domingo de Pentecostés y el 5 de octubre, festividad de San Froilán. En estas jornadas, miles de romeros se congregan en el valle para presenciar una procesión tradicional donde el repicar de las campanas de la torre octogonal se funde con el sonido de las dulzainas, los tamboriles y el despliegue de los tradicionales pendones leoneses, cuyas gigantescas varas ondean al viento antes de dar paso a la comida campestre en el robledal circundante.

En definitiva, el Santuario de la Virgen de la Velilla es un testigo vivo donde el arte, la fe y la identidad de los valles leoneses se funden en un abrazo perfecto con la naturaleza; una parada obligatoria para cualquiera que busque comprender el alma y el patrimonio de la provincia de León.

 

 

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